Vaya que fue poco astuta, cuando el le mostro la fotografía y le presento el nombre de la portadora de sus sentimientos; con una ya amedrentada amargura descubrio que esa bella mujer no era ella, tenia en el rostro la voraz juventud que le consumia y que se reflejaba en su larga mata, que le caia sobre los hombros, reprimio un suspiro de admiración y solo pudo mascullar que era muy bella, y sonrio tiernamente como lo habia hecho antes al escribir su nombre en cada pagina de su diario.

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